Home     Entremos en Matérika     Editor     Directorio     Vínculos     Libros     Comentarios     Contacto

                                   

info@revistamaterika.com

(506) 8707-2336

© 2018 Todos los derechos reservados

Home     Entremos en Matérika     Editor     Directorio     Vínculos     Libros     Comentarios     Contacto

    
 

Matérika 14

Luis Fernando Quirós

Reminiscencias

Una mirada a Felo García pintor,

educador y arquitecto


En la vida revivimos anécdotas, encuentros, acontecimientos muy singulares, necesarios al rememorar la carga poética de un pasado que se reconstruye en el presente, e implica escribirlo para tener un futuro, para que los hechos de esta generación actual –lo que experimentamos en sociedad–, no sean borrados de nuestra memoria cultural; pues el pueblo que no recuerde y no registre su cotidianidad, estaría destinado a desaparecer. En tal concatenación existencial suscitan más preguntas que respuestas, y la noche se alarga remoloneando entre las frazadas del pensamiento, entretejiendo significados, para tener certezas.


Árbol de la cultura

Se trata de vivencias de cuando cruzan en nuestras vidas individuos muy genuinos, creadores, pensadores, artistas en quienes uno puso una mirada de esperanza, y recibió a cambio un pensamiento perdurable en el fractal del tiempo. Con una sola ojeada a la indumentaria de la producción creativa de esas personas habrá aprendizaje, meta de todo impulso humano, en tanto mueve un gesto emocional el cual hará crecer esas semillas y lo veremos hacerse árbol, y permanecer, gracias a la cuantía de sus raíces. Una de esas personalidades de la cultura nacional es Rafael Ángel (Felo) García. Cuando me refiero a él, de una u otra manera desencadenan las memorias que calan multiplicándose en ese tejido de raíces benéficas, pues también se dice que existen árboles cuya raigambre es más grande que la envergadura de sus ramajes. Él es un hombre de recio tronco, abundantes ramas e insondables raíces.


Arquitecto, pintor, maestro

Ocurre porque quizás ya habíamos escuchado de sus tantos logros, frutos profesionales y personalidad creativa, anudada a aquel añoso “árbol de la vida”. Verdadero “roble” que llega ya a los noventa años de edad, por lo cual surten muchas motivaciones para celebrarlo. Ante ocasiones como esta, uno se pregunta ¿por qué lo tengo tan presente?, y, ¿qué representa su huella en mi propia vida? Quizás sucede porque aprecié alguna exposición suya en un museo o galería y percibí el valor de aquel terreno donde plantó la semilla. Fue tal vez que visité su taller indagando la estructura de sus conocimientos, procedimientos, recurrencias técnicas y estilísticas, para descifrar el acto creativo y saber de ese artista interior, el provocador de discursos los cuales lo sacan a flote. Todas son percepciones de esa “construcción de la realidad” que reviven sus obras e indagaciones de cómo hacer bien los proyectos emprendidos, lo cual hoy en día interesa en particular a la teoría e historia del arte, la filosofía, la antropología, y la psicología social.


Escuché de él en la primera parte de la década de los años sesentas cuando se desempeñaba en la Dirección de Arquitectura Escolar del Ministerio de Obras Públicas y Transportes, al lado de otro insigne maestro de esta patria, el también pintor y arquitecto Teodorico Quirós, pues Felo, precisamente, fue el arquitecto del centro educativo Fray Antonio de Liendo y Goicoechea de la ciudad de Paraíso, donde cursé mis estudios primarios, y uno de los elementos recordables de aquel inmueble era un gran mural en Abstracción Geométrica, hecho en azulejos, el cual representó un importante grano de arena para lo que sería mi futura pretensión de dedicarme al arte.


Cabe explicar en esta aproximación liminar que algunos de esos actores sociales y culturales están muy ligados a nuestra propia memoria personal, en tanto al crecer tal vocación, interior y sensible, saltan los ligámenes, las referencias intelectuales, y el significado de lo aprendido con mirada escudriñadora puesta en su heredad. Con esto toco la actitud del maestro que hay en Felo, quien en 1971 fundó y dirigió la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica, fundador además de la Asociación de Arquitectos en 1962 y casi una década después, precisamente en 1971, el Colegio de Arquitectos de Costa Rica.


Anclajes de la memoria

Estos activadores, repito, aluden a lo que él representa para mi, lo que valoro en gratitud por lo aprendido en muy diversas situaciones –formales e informales–, pero de las cuales se crece siempre y desata nuestra auto-referencialidad. Intento, por ejemplo, visualizarlo en la pantalla del tiempo, la primera vez que lo vi. Yo andaba ya enredado entre las cuerdas del arte y tenía apenas veinte años; fue cuando visité en 1970 su oficina/estudio de pintor y arquitecto, allá en “Paseo de los estudiantes”, inmediaciones del templo católico La Soledad, en plena ciudad capital San José.


Al terminar la secundaria, su sobrino –el también arquitecto Freddy García Castro recién regresaba de Milán, Italia, donde estudió–, y me ofreció la oportunidad de ser aprendiz, como en los talleres de los maestros del “Quatrocento florentino”, en el Renacimiento italiano: se ingresaba a esos espacios de formación bajo la tutela de un maestro, empezando por barrer, acomodar, hacer mandados y/o trámites propios de cada profesión, pero sobre todo ir creciendo en complejidad hasta saber resolver los desafíos que se presentaran (en mi caso aprender el lenguaje técnico y procedimientos arquitectónicos básicos, además del dibujo libre y la acuarela). En esos vericuetos por donde nos hace andar la vida, cuando Felo y otros de sus colegas –hablo de Jorge Bertheau, Franz Beer, Edgar Brenes, Hernán Jiménez, José Luis Jiménez Crespo, entre otros–, intentaban formalizar la creación del Colegio de Arquitectos, se reunieron en su oficina para desarrollar un proyecto experimental de urbanismo que resolvería la faja central de San José, en los ejes Este-Oeste y Norte-Sur, los más transitado en ese entonces, proyecto presentado al gobierno de don José Figueres Ferrer en la administración 1970-1974.


Llegué intrigado pero a la vez gozoso y esperanzado por lo que prometía la experiencia al lado de un gran maestro. Durante una de esas jornadas, dedicadas a cortar cartón para armar una enorme maqueta del proyecto, Felo me pidió ir a “Las Arcadas”, ahí se localizaba la galería del Grupo 8 -conformado por Luis Daell, Manuel de la Cruz González, Hernán González, Harold Fonseca, Guillermo Jiménez, César Valverde, Néstor Zeledón, y más tarde se integró Lola Fernández. Precisamente ese fue uno de mis primeros contactos con el arte (antes solo había apreciado la obra de otra gran paraiseña, me refiero a Margarita Quesada Smidth). Además, mientras trazaba y cortaba cartón, escuchaba comentarios de arquitectura y diseño cuya vanguardia revolucionaba la faz de las urbes del mundo, pero también de artes plásticas o visuales, pues en esas fechas, también en 1971, en el recién inaugurado edificio de la Biblioteca Nacional, se apreciaba la Primera Bienal Centroamericana de Arte, convocaba por el Consejo Superior de Universidades Centroamericanas (CSUCA); evento que conmocionó la vida cultural y social capitalina.


Respecto a la amplia trayectoria de pintor, arquitecto y gestor cultural –en particular a la experiencia con el Grupo 8–, la curadora Ileana Alvarado comentó:

El papel de García es importante para la agrupación. Su experiencia en Londres con el Grupo Nueva Visión le da un panorama más amplio, aunque tiene claro que la búsqueda de los “8” es totalmente diferente a la del grupo inglés. García participaba en los dos mundos, el de la arquitectura, por un lado, en su trabajo cotidiano en el Ministerio de Obras Públicas y Transportes y en su oficina personal, y, por otro, el de la promoción cultural con los 8. Esta duplicidad de funciones le daba al joven artista un panorama lleno de oportunidades que podían ser aprovechadas por la agrupación. Uno de estos proyectos fue el de la Plaza González Víquez, el cual le tocó diseñar. Ahí los 8 tuvieron la rara posibilidad de generar una propuesta integral que va desde el mural de la entrada de Harold Fonseca, el diseño de los juegos por parte de Felo García, las esculturas de Hernán González y Néstor Zeledón hasta el monumento que este último realizó como homenaje para Cleto González Víquez, en fin, una propuesta integradora, que reunía arquitectura, escultura tradicional y abstracta (juegos) y pintura. (Alvarado I. 2004, P.17).


Huellas y la referencialidad del pintor

Felo encendió el escenario de las artes plásticas locales con sus investigaciones acerca del expresionismo abstracto en la pintura, y lo que llamábamos “matérico”, que de alguna manera referenciaba el arte de personalidades mundiales como Alberto Burri, Antonio Tapies, Mario Merz y el “Arte Povera”, pero también imbricaba con el Informalismo de Jean Fautrier, Jean Dubufet, y el Pop Americano de Rauschemberg y Oldemburg, entre otras corrientes de innovación creativa y cultural que dieron cuerpo a la historia del arte del siglo XX.


También se le recuerda como el fundador de la Dirección General de Artes y Letras, la cual contó con una importante galería cerca de la avenida central capitalina, para exponer a las figuras del arte local. En el Grupo 8 –tal y como comenté–, estaba Manuel de la Cruz (a quien García conoció en su estadía en Cuba, en los años cincuentas en su primer regreso de Inglaterra), y quien producía una obra muy consistente apoyada en la corriente de la Abstracción Geométrica y el Constructivismo, frutos de una investigación personal con gran empatía por el misticismo en el arte, pero cercenada por la crítica funesta de la argentino-colombiana Marta Traba –una de las jurados de la Primera Bienal–, quien empujaba la corriente de la Nueva Figuración en América Latina, la cual versaba sobre el Informalismo y el Neo-Expresionismo, tendencia que culminó años después principalmente en Alemania, pero que tuvo muchos asiduos del contexto regional como el mexicano José Luis Cuevas, el guatemalteco Arnoldo Ramírez Amaya, Moisés Barrios, Otto Apuy, Fernando Carballo, Fernando Castro, Claudio Carazo, Rolando Castellón, Lola Fernández, entre otro importante elenco de actores visuales en esos escenarios de la segunda década del siglo pasado. En mi caso personal evoco una conferencia de la Traba en el Teatro Nacional, refiriendo a los principales artistas de la llamada “Figuración Latinoamericana”, pero que excluía aquella tendencia del geometrismo en el arte de mediados de siglo iniciada por Tomás Maldonado y  Torres García en el Cono Sur.


Lo matérico en la pintura

Aquellos fueron años de marcada ebullición para la creatividad nacional, lo que fue la Dirección de Artes y Letras se convirtió, en 1978, en Museo de Arte Costarricense, ocupando el antiguo edificio del aeropuerto de La Sabana. Volvieron a realizarse en esos mismos años setentas los Salones Anuales de Artes Plásticas, en el Museo Nacional, los cuales habían desaparecido desde los años treintas del siglo pasado. Precisamente ahí, en 1977, aprecié, con enorme interés una muestra de García, de sus veinte años de producción creativa, en la cual me sorprendió sobremanera el uso de materiales muy heteróclitos, diversos o poco usuales en la creación artística, como usar la lámina lisa u ondulada de latón o zinc. Se exponían piezas como “Abstracción Circular”, 1962, y “Abstracción en metal” 1964, ambas repujadas o agujereadas en metal, que abrían las puertas a una materialidad y espacialidad sorprendente, signo de una nueva plástica costarricense que conmoviera aquella última parte de la década de los setentas del siglo anterior. (¡Vaya, qué década tan intensa!).


Entre las propuestas apreciadas en las Salas del ala Sur del Museo Nacional, se exhibían piezas como “Vivienda laminada, o Secuencia”, un hermoso ensamble en lámina de zinc, 1968, que reverberaba a la luz de las prácticas de innovación, por lo sugerente de sus ritmos y tratamiento de la materia viva, pura, de uso nada tradicional en la creación costarricense. También se exhibía “Sin Título”, ensamble en metal, lámina de hierro y cobre, 1968, que anunciaba la reutilización de materiales y objetos como ocurría en el Arte Pop norteamericano. Complementaban aquella propuesta tan singular, telas al estilo expresionista abstracto, logradas con pinturas industriales y arenas, potenciando la materia, la tectónica, los impulsos manifiestos en esos años en el arte internacional, principalmente con el “Action painting” que se gestaba con mucha fuerza en Nueva York y Europa. Como testimonio de esos abordajes de la pintura de los cincuentas y sesentas de García –que experimentó en Inglaterra en sus años de estudio–, expuso “Composición en amarillo”, “Composición espacial” y “Composición”, las tres mixtas sobre madera de 1957, percibiendo otra beta, en este caso de las corrientes de la abstracción geométrica, que en mi mirada crítica resiento que él abandonara esas investigaciones de la estética material, tal y como sucedió con Manuel de la Cruz, quien luego de tal abordaje a la espacialidad geométrica, se sumió de lleno en el paisaje urbano.


Recordemos que él estudió arquitectura en Londres, y que formó parte del “Grupo Nueva Visión”, con artistas quienes cultivaron la esencia de las denominadas “segundas vanguardias”, como el Arte Concreto, que también resonó con fuerza en América del Sur (Felo y Manuel de la Cruz vivieron en Venezuela donde emergió el arte concreto y el Arte Óptico y Cinético). Aquellos detonantes del arte moderno fueron sensibilidades muy cercanas a la experimentación y cohesión con materiales, herramientas, procesos y concepciones plásticas que versaban en la deconstrucción de la forma, para hacer sentir la fuerza del primer impulso expresado con texturas y contrastes, pero en otra corriente el sentido de síntesis minimalista y la abstracción pura.


La referida muestra de 1977 en el Museo Nacional –una especie de retrospectiva suya–, tal y como se dijo sustentó lo que sería la ruptura con la tendencia abstracta, para sumirse de lleno en el imaginario de las barriadas josefinas en precario, tipología enunciada por la construcción informal de conjuntos habitacionales superpuestos, donde elementos del paisaje como cables eléctricos y ropa tendida, bordeaban el simbolismo del degrado sufrido en esos enclaves populares, pero que vistos desde el cristal de lo estético, potenciaron formidables acumulaciones y constructos arquitectónicos bañados por la luz y las texturas, viva crítica a las deshumanas condiciones en que habitaban las capas desfavorecidas de la población costarricense. De esta época me interesaron sobre manera sus “Tugurios bajo el puente”, 1973, “Sin título” 1975, u otros aceites sobre telas que retrataban quizás aquellos “palafitos “, los cuales emergían de esteros como el de Puntarenas u otras poblaciones costeras, e incluso, en las inmediaciones del río Torres en la zona noroeste josefina de Barrio México, y que Felo expuso en los noventas en el Banco Central.


Otros acercamientos

A finales de la década de los años ochentas, lo visité en su casa en Lomas de Escalante, para indagar su conceptualización acerca de la creatividad humana, entrevista que publiqué en un número especial de la revista Módulo de la escuela de Diseño Industrial en el Instituto Tecnológico. Estuve además en su taller en Guadalupe; y, para la investigación en co-curaduría con Ileana Alvarado y Elizabeth Barquero, para su muestra en los Museos del Banco Central de Costa Rica, 2004, entrevisté a sus colegas Jorge Bertheau y Frans Beer, sumiéndome de lleno a cotejar aquel tejido de aportes al diseño y la arquitectura, la enseñanza y la gráfica que se expusieron en aquella otra gran muestra suya, incluyendo importantes ensayos de los tres curadores publicados en el libro “Felo García: artista, gestor, provocador, innovador”.


Para dicho libro que publicó Museos del Banco Central, con el auspicio de la Editorial de la Universidad de Costa Rica, para esa muestra de 2004, comenté:

El concepto de belleza en la obra arquitectónica de Rafael Ángel García –y hablo específicamente de su propia residencia en Lomas de Escalante– esta en el ir y venir dentro del concepto de espacio residencial, con los jardines interiores, la configuración de paredes con juegos de “adentro” y “afuera” así como el juego luz-sombra: penumbra y el vigor del claroscuro. Cuando el arquitecto es grafista, hábil dibujante, grabador, además de pintor, este aspecto se troca en línea juguetona que va enlazando el vacío con el entorno: con los sotos de bambúes musicalizando con el viento la “lied” del sitio, que solo es escuchada por los oídos sensibles de un creador como es el arquitecto; además, la poesía de la sombra que se engulle a contrapelo del espacio-tiempo para adherirse a las paredes más recónditas y a los ángulos silenciosos que rememoran y se expresan al ir bajando escaleras, permitiendo a la vista abrirse a cada paso a otros espacios, a otras estancias y salas, como en un ritual al auto-reconocimiento de ese ser que está siendo modelado al contacto con la arquitectura, con los objetos, con el arte. La belleza de la casa de García hay que mantenerla oculta, es inviolable, como las modulaciones de la luz interior, pues permanece sólo para él, al artista que la concibió comprendiendo la virtud de los desniveles de la topografía, consumida en las espaldas de las lomas que miran de frente al tintineo de un río –otro motivo de inspiración en aquellos tiempos– que quizás, algún día volverá a ser un río pero cuyas aguas no volverán a ser las mismas. (Quirós, 2004, P.105)


De este comentario anterior se deducen dos referentes y pensamientos, el primero es del sociólogo alemán Alexander Mitscherlich, publicado en el Fetiche Urbano, de la década de los años setentas del siglo anterior, quien aduce:

El ser humano es un creador de moldes, modelos, que en tanto son hormas nos modelan a nosotros mismos, por lo tanto, la ciudad, las edificaciones estatales y de la sociedad civil, el mobiliario urbano, autos, buses, aviones, artefactos y manufacturas emergen de nosotros, dependen de nuestra testarudez o sagacidad creativa y a la vez nos modelan. (Mitscherlich, 1974. Traducción libre de LFQ)


El segundo pensamiento referido es del escritor japonés Junichiró Tanizaki. El Elogio de la Sombra. (Madrid: Ediciones Siruela, 1994):

Nuestro pensamiento, en definitiva, procede análogamente: creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan solo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por la yuxtaposición de diferentes sustancias. Así como una piedra fosforescente colocada en la oscuridad, emite una radiación y expuesta a plena luz pierde toda su fascinación de joya preciosa, de igual manera la belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra. (Tanizaki, 2004.)


Nuevo acercamiento

A finales de la primera década de este siglo XXI, me interesó visualizar y sobre todo escuchar a viva voz sus conceptualizaciones acerca del impacto actual del arte y la arquitectura en el crecimiento cultural de las nuevas generaciones de los individuos creativos; lo entrevisté una vez más en su residencia de Lomas de Escalante para publicarla (2011) en mi blog de la revista española de arquitectura y diseño Experimenta Magazine; motivándome sobremanera a observar los bordes de lo creativo y filtrar en la transversalidad ¿cómo trabajan los maestros?, ¿cuáles son los principales estímulos para enfrentar un proyecto creativo en arquitectura, diseño o arte?, ¿dónde, cómo y cuándo encuentra esos activadores emocionales?, y, ¿de qué manera son tratados en su práctica artística? Todos estos son potenciadores que a continuación me propongo compartir, pues si hay alguien en Costa Rica con quien conversar sobre una amplia diversidad de temas referentes, pero sobre todo que nos deje aprendizaje, es con este viejo “roble”, en tanto sus ramajes, como expresé, se desprenden de un fornido tronco hacia todas las direcciones del campo.


El teórico y artista guatemalteco Roberto Cabrera, respecto a la labor en Arquitectura Escolar del Ministerio de Obras Públicas y transporte, expresó de García lo siguiente:

Así es como toma parte activa en los planteamiento que en esa oficina realiza para el proyecto de renovación urbana de San José, de forma racional y técnica, según sus experiencias con la Inglaterra de postguerra y lo que asimiló en Londres con profesionales como Arthur Korn, su profesor de Planificación Urbana. En esos años había todavía grandes necesidades no satisfechas socialmente, en equipamiento urbano y obras de infraestructura.

Se le dio, en ese momento, gran importancia al cambio de actitudes con respecto a la construcción de escuelas primarias, según los modelos pedagógicos ingleses. La remodelación de espacios como estos, quedó muchas veces solo como proyectos e ideas. Al no recibir apoyo y respuestas político-administrativas a estos intentos de renovación y realización urbanas, se llegó al caos urbano josefino en la actualidad. (Cabrera, 1994. P 10-11)


Algunas resonancias sentidas en la entrevista de 2011

Rafael Ángel García nació en 1928, y su formación –a finales de los cuarentas– la cursó en Hammersmith College of Building and Arts. Comulgó además con el pensamiento de las corrientes pedagógicas del Constructivismo, cuya vertiente –en aquellas décadas, y tal como lo apreció Cabrera–, la proyectó hacia la arquitectura escolar y más tarde, en los años setenta, lo condujo a fundar la primera escuela pionera en la formación de arquitectos, implicada en controversias por sus enfoques pedagógicos. Por algo, la curadora Ileana Alvarado en el libro que los Museos del Banco Central publicó como catálogo de su muestra retrospectiva en 2004, lo llamó “adelantado a su tiempo”. En esta perspectiva habrá otros espacios para conversar sobre su obra pictórica, el diseño de mobiliario y nuevas facetas de su incansable personalidad, por lo cual mereció en el 2009 el Premio de Cultura Magón, que ensalza a los principales actores de la cultura nacional cuya obra de toda una vida contribuyó al desarrollo cultural del país.


Quisiera recordar aquella ciudad modesta pero hermosa que legaron los ancestros en la coyuntura entre los siglos XIX y XX, pero que careció de una oportuna intervención de diseño urbanístico, y a pesar de nuevos intentos actuales de la Alcaldía de San José, hoy es un nudo atorado por el tráfico vehicular, la basura, la violencia, la prostitución y carente de espacios que enriquezcan la calidad de vida urbana. Aquellos sueños de Bertheau y García de los setentas, quedaron truncados, como deducimos en adelante. Uno de los padres de la Patria, Don José Figueres Ferrer, los recibió para atender la propuesta pero les despidió con la frase: “ustedes los arquitectos creen saberlo todo”. Pero si aquella idea hubiese sido aprobada, otra ciudad tendríamos hoy; era costosa para la economía nacional, quizás, pero hoy es impensable aun cuando urge hacer algo que devuelva oxígeno, habitabilidad y calidad urbana a nuestra ciudad capital.


La entrevista en Experimenta Magazine

Pregunté ¿a qué se enfrentó a su llegada al país tras graduarse como arquitecto?, a lo cual respondió –con mirada profunda y voz contundente–, que no le permitían espacios para definir quién era el especialista en el diseño habitacional y urbano. La actividad proyectual, propia del arquitecto –comentó García–, no era desligada de la construcción; o sea, esas decisiones estaban en manos de los ingenieros –profesionales de un pensamiento racional y científico–, pero que no daban cabida a la creatividad. De alguna manera, se advertían roces con los ingenieros civiles. Al respecto explica que en tanto el ingeniero rehúye al riesgo, a la incertidumbre, ahí donde se gesta lo creativo y carga de calidad habitacional al espacio. Refería a la creatividad que mueve a descubrir y aprovechar la luz, el abierto, el color, los lenguajes que propician los materiales; todo eso es arquitectura.


Agrega que este profesional creativo trabaja sobre la incertidumbre, cede al riesgo, vivimos del campo sorpresivo, de lo que no se sabe pero se asume y afronta en el cotidiano. Con el proyecto se hace camino, y en el camino nos asaltan las sorpresas. Quizás por ello las autoridades gubernamentales no aceptaron nuestras propuestas del diseño de la ciudad, pues ahí en el gobierno mismo existían esas mentalidades cerradas para aceptar propuestas creativas e innovadoras.


Respecto a fundar la escuela en la UCR, añade que fue ese espíritu de afrontar el riesgo, fue lo que trató de imprimir a los educandos, en tanto que ellos fustigaban los modelos mismos de cómo fueron educados, orientados a “buscar”, pero que no nos sensibilizaban a “encontrar”, las cuales son posturas metodológicas opuestas. Añade que al motivar para encontrar, se trabaja en las actitudes de los individuos, en su tenacidad para descubrir, innovar e inventar, lo que requerimos hoy más que nunca para sacar al país del gran bache en que está sumido. Cuando sólo buscamos lo hacemos con una actitud cerrada: vamos a buscar, por ejemplo, un botón rojo a la ferretería, pero ¿cómo debe ser, de cuál rojo y qué botón? Se pueden percibir cientos de objetos que tengan una función similar, de otros colores, texturas y lenguajes, pero nos cegamos a usarlos porque lo que se busca es una idea fija. Esa visión de que el estudiante es un individuo a quien debe llenársele compartimentos fijos sin estimular la capacidad a encontrar y relacionar lo que sabe, es nociva (recuérdese el filme “El Muro” de Pink Floyd, dura crítica a la educación del pasado, por las tendencias cegadoras y carceleras de la creatividad).


Tal y como dedujo Ileana Alvarado en el texto del libro de la exposición en MBCCR en 2004, a Felo le decían “El Llanero Solitario”, pues en ese tiempo todo era demasiado “chato”. No se consideraba la trascendencia de la libertad. La ingeniería no ofrece espacio a la especulación creativa, pues su disciplina se delineó en lo técnico-matemático. Comenta que siempre topó con cerca cuando tuvo que relacionarse con ingenieros, por ello expresa con sus palabras contundentes: tengo más proyectos sin construir que los que pude ver realizados, pues mis propuestas siempre fueron incomprendidas.


La esencia no está en el fruto, está en el proceso

Ante estas respuestas lo increpé: Pero Felo, ¿en los grandes maestros del arte y la arquitectura pesa más el pensamiento, la creatividad y la visión del proceso sobre lo construido y tangible, tal y como expresa el escritor japonés Kobo Abé en el “Rostro Ajeno”? El principal vacío estaba ligado a los mismos gobernantes del país –respondió García–, no comprendían ni vislumbraban propuestas distintas a las vistas y que mejoraran la calidad del ambiente, de lo habitable que satisface los estímulos interiores y del entorno urbano lo cual redime la gracia de lo externo. No habían programas educativos donde se consideraran las propuestas creativas, se conducían sobre ocurrencias que fueron fatales y que propusieron gente que no tenía ni la menor idea de lo que hacía; por ello tenemos estas ciudades que hoy todos criticamos y nos lamentamos como habitantes. No existía respeto alguno para con la profesión. Todo se tomaba muy a título personal, y quizás existía temor o envidia hacia las capacidades de las profesionales que trataban con la innovación, que podían hablar de calidad y lo intangible.


Repito, este discurso es central a las problemáticas actuales, sobre todo de los países latinoamericanos, los cuales carecen de licencias de invención o patentes inscritas en los registros de organismos internacionales. Mientras países orientales como China, Japón, o los Estados Unidos y algunos de Europa, demuestras esa fortaleza que potencia el desarrollo y genera riquezas; porque nuestros gobiernos no se han preocupado en definir estrategias educativas que catapulten la creatividad y la libre capacidad de innovar en arte, ciencias y tecnología. Pero se requieren reunir a estas mentes creativas, no tratarlos en feudos aislados conde no se confrontan sus logros y pensamiento crítico.


Casos deplorables

La principal motivación o programa como arquitecto, es el respeto por el espacio –comenta Felo–, pues es la génesis del diseño; pero acá sufrimos de miedo al espacio abierto. Cuando tenemos la oportunidad de tener un espacio amplio, libre, lo llenamos de cosas, le anteponemos obstáculos que enturbian la visual de profundidad y sus relaciones con el entorno, con los árboles, con las montañas, con otras edificaciones de valor histórico o cultural. La idea de diseño urbano que prevalece es la de conducir al habitante por un itinerario cerrado que le impida disfrutar; el usuario se pierde en esos recorridos por lo tanto sólo se le estimula a buscar y no a encontrar. Todo se “departamentaliza”, se ponen obstáculos y divide el campo vívido para inhibir el encuentro sorpresivo que fomente la capacidad humana de sorprenderse.


Refiriendo a este aspecto, el arquitecto Oscar Pamio, en otra entrevista que publiqué en Experimenta Magazine, parangonaba la belleza del sentido de la urbanística del Renacimiento y el Barroco en la ciudad de Roma, Italia: cuando el habitante camina entre callecitas y pequeñas plazas, entre esas masas edilicias, pero de repente se abre al horizonte la luminosidad de grandes plazas como Piazza Navona, Campo di Fiori, Piazza del Popolo, Piazza Spagna con Trinitá dei Monti, Via del Tritone, entre otros escenarios que ofrecen confort luego de advertir las tensiones intrínsecas a la urbe actual.


Volviendo a la entrevista con García, comenta que muchos colegas incluso creían que no era el tiempo para fundar la escuela, puesto que no queríamos repetir el mismo bagaje teórico con que nos habían formado y sobre todo el metodológico, orientado a buscar, pero no a descubrir y gozar de las percepciones sensoriales con esas experiencias vivenciales para reconocerse a sí mismo como un ser creativo, con talentos y habilidades por descubrir; y se dice “por descubrir”, pues todos los días nos sorprendemos con lo que podemos potenciar, pues nuestro interior esta repleto de tesoros, hace falta una ínfima chispa para desencadenarlo. Todo esto era vetado dentro de un pensamiento cerrado y lineal. Nos autocriticamos, formulamos análisis de lo que debía saber el arquitecto y sostuvimos aquella postura pedagógica del aprender a aprender a pesar de las tantas oposiciones entre los corrillos universitarios.


El programa personal de un arquitecto

Felo García señala al medio tan tradicional que se aferra a obstaculizar todo y defender esa actitud unicéntrica, cerrada al diálogo y a la posibilidad de descubrir en el encuentro. Él trazó el ejemplo de la línea, cuando no se piensa en la coexistencia de otras frecuencias, de otras miradas aunque haya que salirse de la única dirección. La física nos dice que la distancia más cercana entre dos puntos es la recta, pero niega el deleite al descubrirla, cuestionarse que posee un adentro y un afuera, y mucho menos hablar del juego curva-contracurva generadora de emoción en las percepciones y emocionalidad humana. Hoy hablamos de un diseño emocional y de un aprendizaje con esos caracteres que motivan otras frecuencias y visuales respecto al espacio y la convivencia armónica con el medio; así como las motivaciones para tener mentes de estrategas que potencien la innovación.


A manera de recapitulación

–Hablamos que algunos de esos actores sociales y culturales están muy ligados a nuestra propia memoria personal, en tanto al crecer nuestra vocación, establecemos  en lo aprendido una mirada de gratitud por esa heredad.

–Además de que dicha mirada de gratitud estimula la autoreferencialidad, a descubrirnos como seres creativos con fortalezas para innovar de la mano y ejemplo de los maestros.

–Dijimos que Felo, en los años sesentas fundó el Grupo 8, la Asociación de Arquitectos en 1962; fundó y dirigió la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Costa Rica, en 1971 y el Colegio de Arquitectos, también ese mismo año.

–Se dijo que muchos colegas suyos creían que no era el tiempo para fundar la Escuela de Arquitectura; inverosímil, pues como comenta Felo pensaban que no manejábamos teoría, procesos y herramientas para superar la manera de cómo nos habían formado, y sobre todo tener claridad en el campo metodológico, orientado –como se dijo con insistencia–, a buscar, pero no a descubrir y gozar de las percepciones sensoriales con esas experiencias vivenciales del reconocerse a sí mismo como ser creativo, con talentos y habilidades para descubrir.

–Argumentamos que todo esto era vedado dentro de un pensamiento cerrado y lineal. A pesar de que nos autocriticamos, formulamos análisis de lo que debía saber el arquitecto y sostuvimos aquella postura pedagógica del aprender a aprender.

–Criticamos un medio tan tradicional que se aferraba a obstaculizar todo y defender esa actitud unicéntrica, cerrada al diálogo y a la posibilidad de descubrir en el encuentro.

–Se habló de García como un adelantado a su tiempo, que empujaba a veces y a solas aquel carruaje del arte y la arquitectura, a pesar de no contar con estructuras gremiales de apoyo, y que por ello, muchos proyectos quedaron en el olvido.

–Recordamos la intensa vida cultural de mediados del siglo XX y los acontecimientos que impulsaron importantes rupturas en el arte de nuestro tiempo, y lo que apreciamos como el arte de esta nación.


Y ya preparados para cerrar este ensayo o aproximación a la creatividad de Felo García, como sus monotipias, que son trabajos más recientes, expuestas también en MBCCR en 2010, la trama de líneas superpuestas generan gran movimiento, claroscuros, texturas que crecen y decrecen, como mirar al cosmos donde se cruzan infinitas percepciones, tramas, conjunciones, yuxtaposiciones, sobre-posiciones, dinámicas del campo perceptivo. Al apreciar su cúmulo de recursos plásticos y visuales, e incluso tridimensionales, me parece evocar otro filme: “La Guerra de las Galaxias”, donde cada vez que se engatilla un disparo con esas armas del futuro, generan rayos de luz que circundan todo campo perceptivo, lo transparentan y cargan de ultra-sensibilidad. Para concluir, me queda sin embargo un sinsabor: no poder abrir el tiempo para continuar escuchándolo e intuir aún más profundamente su pensamiento, ese que regenera el fractal en la cúspide o copa del árbol, o del roble interior, y aunque se tenga certeza qué sucederá en un futuro, nadie sabe dónde y cuándo dará otro nuevo brote.


Referencias

Alvarado, Ileana. Barquero, Elizabeth. Quirós, Luis F. Felo García: artista, provocador, innovador”. 2004. San José: Fundación Museos del Banco Central.

Cabrera, Roberto. Arquitectura sin Arquitectos. 1994. San José: Asamblea Legislativa (catálogo de muestra).

Mitscherlich, Alexander. El Fetiche Urbano. 1944. Bologna: Enaudi.

Junichiró Tanizaki. El Elogio de la Sombra. (Madrid: Ediciones Siruela, 1994)

Conversatorio con Felo García, Experimenta Magazine, Febrero 2011:

https://www.experimenta.es/blog/luis-fernando-quiros/conversatorio-con-rafael-angel-felo-garcia-2737/

Entrevista a Oscar Pamio, “Poética de lo racional”, Experimenta Magazine, Junio 2011:

https://www.experimenta.es/blog/luis-fernando-quiros/oscar-pamio-poetica-de-lo-racional-2996/ (junio 2011)

 

Matérika 14