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Matérika 14

Roberto Cabrera

De lo abstracto y lo concreto en la pintura de Felo García

“En mi exposición de 1973 en el Banco Central –con los tugurios y todo– utilicé una forma figurativa muy directa, apegada a ciertos valores construccionistas. Superada esta instancia, ya no quedaba más; entonces entré en una revisión de cuatro años para encontrar la evolución que planteo ahora. Se verá una relación con los trabajos de 1958, con una composición más estricta donde valoro más los espacios que los volúmenes. Es decir, vuelvo a encontrar el camino de mi inicio, enriquecido por una gran variedad de texturas, formas libres y mayor rigor compositivo. Para poder encontrar cosas en mi pintura hay que estar metido dentro del oficio y en estos 20 años no he dejado de pintar nunca”.


Así se expresa Felo García en 1977, en el catálogo de la exposición retrospectiva de su pintura en veinte años, que presenta el Museo Nacional. Desde su primera exposición de obras abstractas, expuestas también en el Museo Nacional en 1958, había un largo recorrido de encuentros y definiciones plásticas, dentro y fuera del contexto artístico nacional. En noviembre y diciembre de 1973 había expuesto en el Banco Central sus muy conocidas pinturas con la temática del “tugurio” o de los asentamientos humanos en precario, en los barrios marginales de San José y otras ciudades capitales de provincia.


En cada una de estas tres exposiciones personales existía un trabajo previo de encuentros y reencuentros, y de caminos desde los inicios; es decir, una constante revisión y replanteamientos, cortes, prolongamientos, crisis y nuevos cortes, con la pintura nacional e internacional y con su propia pintura: la abstracta expresionista de los cincuenta, la matérica y de ensamblajes de los sesenta y todas las variaciones que, hasta hoy, Felo García ha infundido a su lenguaje personal de esencia fundamentalmente “no figurativa” y apegada a lo que en la postguerra –a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta– se entendió como arte abstracto en sentido amplio, desde sus raíces simbolistas a finales del siglo XIX y cubistas a principios del XX, a la abstracción lírico-expresiva, expresionista abstracta, informalista, tachista y otras denominaciones que llegan a mediados de los años cincuenta, cuando otras tendencias surgen dentro de una nueva representatividad –más experimental y conceptual– que se opone a abstracción sin más, hasta nuestros días.


Hoy (1994), nuevamente Felo García rinde cuentas con su inmediato pasado como pintor, después de más o menos veinte años de estar trabajando con la temática y formas del “tugurio”, que por primera vez presentara en 1973. Ajuste de cuentas al conjunto de su producción, a treinta y seis años de su primera exposición en 1958, luego de su segundo regreso de Inglaterra, en donde estudió y se graduó como arquitecto y donde igualmente, entró en contacto con el arte nuevo internacional de filiación abstracta. No se puede pasar por alto que Felo García es arquitecto a más de pintor y que su formación técnica pesa mucho en lo que como artista profesional ha realizado hasta el momento. Por eso no debe parecer extraño el uso por tantos años de temática y formas relacionadas con la construcción habitacional de los sectores populares, amontonados en “tugurios” en los extremos de los barrios pobres urbanos. Pero, a pesar de que Felo García se formó en Inglaterra más como planificador y diseñador urbano que como edificador de arquitecturas aisladas o escultopinturas habituales, su pintura con temática de vivienda paupérrima no implica necesariamente una conceptualización plástica teñida de sociologismo denunciador. En este sentido, Felo García es un pintor productor de imágenes estéticas propiamente y un arquitecto técnico, preocupado por cuestiones de desarrollo y crecimiento urbano no controlados por políticas urbanas y sociales después de los años cincuenta, aquí en Costa Rica como en la mayoría de países latinoamericanos.


Por eso mismo, Felo García como pintor se cuestiona hoy también lo que su pintura ha sido desde que dejó la abstracción de corte lírico y decidió proyectar imágenes con temática cercana a la cultura de la pobreza, que por los años setenta surge en Costa Rica. Efectivamente, en la década de los setenta se inicia una serie de hondas transformaciones estructurales en la realidad costarricense. Surge lo que la sociología académica denomina un “Estado empresario”, gestor de una serie de instituciones estatales que inciden en casi la mayoría de sectores económicos, tradicionalmente campos de acción de la empresa privada.


Los setenta son también, los años de movilizaciones populares urbanas y rurales que
pugnan por vivienda y tierra para subsistir. Son años de renovados procesos de migraciones internas y de expulsión del campo hacia el área metropolitana de San José, principalmente, lo que Felo García llama Ruralización Urbana. A más de la vivienda paupérrima que toma en precario las viejas viviendas de antiguos barrios de los sectores medios surgidos en la primera mitad de este siglo, surgen las áreas marginalizadas y los enjambres habitacionales pobres de todos los espacios vacíos o deteriorados de San José, incluidas las casas de cartón y desechos bajo puentes y pendientes movedizas de los ríos Torres y María Aguilar que enmarcan la ciudad capital.


La centralización de las funciones ejecutivas del “Estado empresario” en prácticamente la mayoría de los campos agrícolas, industriales y de generación de infraestructura, tiene su contrapartida en la atracción que pesa sobre San José –como ciudad centralizada de bienes y servicios, además de fuente aparentemente amplia de trabajo por parte de los sectores populares del área rural y de las poblaciones aledañas al centro metropolitano.


Todo eso que giraba en el ambiente sociocultural costarricense en los setenta, forma parte de los códigos y significados plásticos que Felo García intenta en sus pinturas expuestas en 1973 y que, con cambios, transformaciones y retornos, llegan a estos días: pinturas de formatos regularmente grandes, cuajadas de amplios espacios blancos que recortan o aíslan partículas de signos figuracionales o de símbolos que remiten a paredes o cubiertas de casas hechas de viejas maderas, láminas oxidadas, cartones y otros materiales efímeros, espacios claros y oscuros que, como en algunas teorías sobre la percepción de la forma, definen la estructura y dependencia de las partes en el conjunto, en la totalidad formal y que connotan recintos, entradas y salidas, detalles constructivos, cables y accesorios eléctricos, antenas de radio y televisión, trapos o ropa tendida, referencias lejanas de objetos y espacios de trabajo, y todo ese abigarramiento de formas y símbolos que hacen referencia a una figuración que se asocia de inmediato con los “tugurios” o viviendas de la miseria, en las distintas direcciones periféricas, marginales, despreciadas y deterioradas de la ciudad, muchas veces reciclada por el mercado urbano y en su funcionalidad productiva y reproductiva.


En esta “pintura de tugurios” no aparece ninguna forma plástica que indique o represente al hombre usuario de esas destartalas viviendas. El hombre, con todo, está ahí, no como figura humana pintada, sino como presencia en actos y usos cotidianos que, como signos abiertos, también se amontonan y forman laberintos en ese promontorio de símbolos que contiene la forma-tugurio: se lava y tiende la ropa, se escucha radio, se ve televisión, se apagan y prenden luces, pero sobre todo, se habita y vive, aunque sea marginalmente. Felo García no es un reportero amarillista, trabajador social o investigador de los movimientos sociales urbanos.


Es un pintor que, como todo auténtico productor de imágenes plásticas, abstrae los elementos más significativos y simbólicos de la realidad. Sus cuadros abstractos y los que representan formas de tipo urbano, tienen su propia realidad y no necesitan acudir a sensaciones y presencias extraestéticas. El arte en sus procesos de pensamientos y acción transformadora, está muy lejos de la mera representación de lo fenoménico. Va más allá, por múltiples direcciones. Lo de Felo García es una de esas direcciones, figurativa o “no figurativa”, qué importa.


Están aquí presentes, en este tipo de pinturas que van y vienen de lo abstracto a lo concreto, las experiencias primerizas de Felo García cuando, muy joven aún, llegó a Venezuela como estudiante de bachillerato y jugador de fútbol del Colegio La Salle, donde estuvo poco tiempo, siguiendo luego cursos de dibujo arquitectónico. Corría el año 46 y Caracas fue para Felo García su primer gran impacto en lo que a crecimiento y renovación urbanístico se refiere, aparte de lo arquitectónico funcionalista e internacional que, como en toda América Latina, se experimentaba de forma tardía y con mucho de modernización refleja. Es lo que muchos llaman urbanismo y arquitectura del desarrollo de nuestros países, después de la Segunda Guerra Mundial y que llega hasta los años setenta.


Sonlos años en que –dentro de una gran onda expansiva de urbanismo demoledor de lo viejo y adorador de lo modernizante– el arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva produce su conocida obra: la Ciudad Universitaria de Caracas (1955-57) y su muy imitada Aula Magna, “inspirada” en las estructuras de hormigón armado de Le Corbusier. Es este el primer encuentro de Felo García joven con la arquitectura y el urbanismo posteriores a los años cincuenta.


Un segundo encuentro con los espacios abiertos del nuevo diseño y materialización arquitectónico-urbanístico modernos, se realiza cuando viaja a Inglaterra para estudiar arquitectura, a finales de 1947. Son, para Inglaterra, los años en reconstrucción de la postguerra y de realización de procesos globales de planificación y construcción de viviendas, barrios, redes viarias y otros aspectos de regulación sobre el uso del suelo y control de terrenos. Aspecto importante de esa reconstrucción debidamente planificada, es todo lo relacionado con la educación primaria y secundaria. Esta experiencia inglesa sirve luego de modelo a muchas otras de su tipo en diferentes naciones.


En este otro contacto, Felo García no logra concluir sus estudios, al serle cancelada la beca que le había otorgado el gobierno de Teodoro Picado, pariente suyo, por los cambios y reacomodos políticos producidos con la revolución de 1948 en Costa Rica. Sale de Londres con grandes dificultades económicas y llega a La Habana, donde se encuentra con Manuel de la Cruz González y juega de nuevo al fútbol para subsistir. En La Habana forma parte del grupo de costarricenses autoexiliados por efectos del enfrentamiento armado del 48. Por éstas y otras razones de orden personal, Felo García y su amigo Manuel tuvieron poco contacto en ese momento con lo propiamente artístico, estableciéndose en cambio entre ambos una estrecha relación de orden artístico e intelectual hacia el futuro. Antes de regresar de nuevo a Costa Rica, Felo García estuvo un tiempo en Colombia, que también formará parte de sus visiones y recreaciones en arte y arquitectura.


Regresa en 1950 a Costa Rica y juega profesionalmente fútbol, trabajando al mismo tiempo en el Ministerio de Obras Públicas hasta 1954, en que es becado nuevamente por el Estado, para concluir sus estudios de arquitectura en Londres. Esos años que estuvo en Costa Rica no tuvieron mayor significación en el profesional y lo artístico. El medio seguía siendo estrecho y ya habían pasado los tiempos de los artistas que, en los treinta, optaron por un arte de tendencia nacionalista, como en muchos países latinoamericanos por aquellos mismos años. También habían pasado ya las exposiciones anuales promovidas por el Diario de Costa Rica y alentadas por la Embajada de Argentina en la persona de Enrique Loudet.


Aún no había regresado Manuel de la Cruz González, el trabajo pionero de Max Jiménez como pintor y escultor seguía sin ser comprendido y Francisco Zúñiga se definía ya plenamente en México. El arte nacional se debatía entonces en lo que, por mucho tiempo, seguirá siendo hasta los años sesenta: cierto figurativismo tradicionalista y algunas prolongaciones paisajistas de corte americanista con ribetes costumbristas.


Cuando llega de nuevo a Inglaterra, Felo García ya no es lo que fue la primera vez. Ahora es un hombre de 26 años, moldeado ya por múltiples experiencias formativas, dentro y fuera de su país. Tiene una visión para encontrar lo que será su primera definición como pintor, y como arquitecto planificador y diseñador urbano. En la pintura internacional, los años cincuenta marcan ya cierto declive de la supremacía de la abstracción netamente lírico-expresiva e informal. En los años 1954-55 surge en Inglaterra un marcado interés por la cultura de masas, dando paso a lo que será el Pop Art londinense, con artistas como Richard Hamilton. Inglaterra no había participado directamente en la conformación de la pintura abstracta, como lo hicieron franceses y norteamericanos con el informalismo y la action painting dentro del llamado expresionismo abstracto.


En los cincuenta surge también el Pop Art norteamericano y otras manifestaciones de tipo cinético, lumínico, cibernético, sistémico y, entre otras posiciones de corte tecnológico, el arte de ensambles y de tipo matérico. En los cincuenta que experimenta Felo García en Londres, lo arquitectónico-urbanístico también está cambiando aceleradamente, aunque siempre apegado a la solución de problemas espaciales macro, de impacto social. En lo artístico, Felo García se asocia con otros artistas para formar el grupo New Vision, que practica el abstraccionismo y se impacta con las nuevas tendencias europeas y norteamericanas. Después de dos años de estudios y experiencias artísticas en Londres, Felo García regresa en 1956 a Costa Rica con su título de arquitecto y un bagaje grande de elaboraciones imaginarias dentro del arte internacional. El ambiente de Costa Rica también comienza a modificarse a salto de mata, hasta que se realizan las primeras exposiciones del nuevo arte en 1958, en el Museo Nacional: Lola Fernández, que había vuelto al país a finales del año anterior procedente de Italia; Felo García que ha estado preparando esa exposición desde su regreso de Londres y Manuel de la Cruz González, que expone pionero, plenamente moderno americanista de Max Jiménez, cuando expone por primera vez en Costa Rica en 1945 o cuando mostraba su trabajo a unos pocos, en sus tantas idas y vueltas de y al país, entre París, Nueva York, La Habana, Chile y otros lugares. Impacto de un arte nuevo el de Jiménez y los “abstractos” del 58, no comprendido y sopesado en esos momentos y que apenas hoy empieza a ser recuperado y valorado críticamente en toda su significación sociocultural nacional.


Las pinturas de Felo García con la temática y la simbología relacionadas con la vivienda de la pobreza –en el contexto de la trama urbana renovada de San José y otras ciudades provinciales a partir de los años cincuenta– tiene otras relaciones y encuentros con su trabajo como profesional en la planificación y diseño urbano. A su regreso de Inglaterra, la primera vez, trabaja como dibujante en el Ministerio de Obras Públicas, en donde encuentra al también arquitecto y pintor Quico Quirós, con quien comparte al trabajo de técnicas y de pintores. En ese tiempo, ambos salen a pintar paisajes a los alrededores de Santo Domingo de Heredia. Esta relación profesional de pintura de paisajes, será clave para entender el trabajo de Felo García con sus “paisajes” urbanos que aluden al “tugurio”. En este sentido, Quico Quirós representa –para Felo García y el arte nacional– una síntesis del primer encuentro con la naturaleza y lo rural costarricense, que los pintores extranjeros y nacionales desde finales del siglo pasado, por medio de una pintura originalmente romático-naturalista y ya para los treinta, con huellas aún de cierto ilusionismo imperialista.


Felo García con sus “paisajes” urbanos saturados de soluciones expresionista-abstractas, conforma otra vertiente nacional con esta temática y simbología plástica que hoy (1994) algunos jóvenes artistas retoman de otras fuentes novoexpresionistas –principalmente alemanas– sin buscar o encontrar primero sus propios antecedentes en el arte nacional o en artistas como Felo García o Manuel de la Cruz González. Quizá por eso, todavía se estén confundiendo temas, formas, técnicas, escuelas, tendencias y centros internacionales, como lo que es realmente el arte visual como sistema de signos, ligados a una estética de la comunicación y la interpretación dentro del arte denominado moderno o postmoderno en nuestro propio contexto.


De nuevo, cuando Felo García vuelve de Inglaterra por segunda vez, ya como arquitecto diseñador urbano y pintor abstracto, trabaja en el Ministerio de Obras Públicas hasta mediados de los sesenta. En esta dependencia pública fue dibujante, diseñador, arquitecto y jefe del Departamento de Arquitectura y Construcción. Así es como forma parte activa en los planteamientos que esa oficina realiza para el proyecto de renovación urbana de San José, de forma racional y técnica, según sus experiencias con la Inglaterra de postguerra y lo que asimiló en Londres con profesionales como Arthur Korn, su profesor de Planificación Urbana.


En esos años había todavía grandes necesidades no satisfechas socialmente, en equipamiento urbano y obras de infraestructura. Se dio, en ese momento, gran importancia al cambio de actitudes con respecto a la construcción de escuelas primarias, según los modelos constructivo-pedagógicos ingleses. La remodelación de espacios como éstos, quedaron muchas ves solo como proyectos e ideas. Al no recibir apoyo y respuestas político-administrativas a estos intentos de remodelación y racionalización urbanas, se llegó al incremento del caos urbano josefino de la actualidad. Felo García retoma plásticamente en sus pinturas de “tugurios” y un tanto también en sus obras matéricas y de ensambles metálicos, todo ese abigarramiento y caos urbano como tema y formas plásticas, dando un salto cualitativo en su estética cuajada de abstracciones y realidades.


Con todo este bagaje profesional y expresivo que Felo García ha ido elaborando y recreando en su pintura, hoy (1994) hace de nuevo un alto en el camino para romper viejas amarras y anudar otras nuevas, en momentos de madurez y reflexión crítica, que solo el tiempo puede dar a un artista de su tipo. Están aquí esas pinturas de simbolizaciones urbanas, de una casi intención figurativa en lo temático, que han llegado de nuevo –poco a poco y con ciencia y paciencia en el trabajo cotidiano de pintar– a lo sintético, a lo esencial y a lo que es un nuevo espíritu abstracto que ronda en este fin de siglo. Abstracción que no es nueva en Felo García, sino parte misma de su experiencia y aporte al arte nacional, desde aquellas primeras abstracciones expuestas en 1958.


Están aquí ahora, y para mucho tiempo en la historia del arte costarricense, todos sus gestos, marcas, señales y signos que caracterizan y significan la pintura de Felo García: pinceladas de tipo gestual que cortan diagonalmente espacios grandes y pequeños, manchas y puntos de diferentes proporciones que se adhieren a fondos coloreados con planos de brocha ancha; superposiciones de dos o más colores que empastan algunas superficies; chorreos de pintura que intentan transparencias y dinámicas que vienen del dripping y el over-all en la pintura de acción que inauguró Jackson Pollock; impregnaciones, tachaduras, borrones, rayaduras, sobreimpresiones y otros efectos logrados con pinceles, brochas, trapos y las mismas manos y, toda una serie de procedimientos expresivos que forman micromundos formales de gran potencialidad sintáctica y semántica, dentro de la estética de la formatividad abstracta y concreta del arte del siglo XX.


Además, estas pinturas de “paisajes” urbanos, muestran a la percepción atenta, volúmenes de figuras y fondos que nos remiten a toda la pintura matérica y ensambles escultóricos que Felo García realizó en los sesenta, armando y “construyendo” espacios con chatarra y otros desechos empotrados o soldados de forma brutalista, como en mucho del arte y arquitectura modernos. De ahí las conexiones matéricas con las maderas, laminas y otros materiales de la vivienda marginal y los “tugurios”, motivos en los “paisajes” de Felo García.


Como dice él mismo, hoy él vuelve a encontrar el camino a partir de sus inicios, con esa “gran cantidad de texturas, formas libres y mayor rigor compositivo” o constructivo, para mejor decir. Y como también él lo indica en el catálogo de 1977, para poder encontrar “cosas” en su pintura tiene que estar metido dentro del oficio y no dejar de pintar nunca. Para encontrar nosotros también “cosas” en su pintura, tenemos que meternos dentro de su oficio de pintor, en sus últimas obras y en todas aquellas que ha producido en más de treinta y cinco años de trabajo. Sus últimas pinturas ponen en evidencia un punto de equilibrio entre las pinturas de ayer y lo que se anuncia en algunas de hoy, después de los cortes críticos que ha venido realizando desde su exposición de monotipos expuestos en la Galería Echandi de 1985: transición a una nueva fase de expresión que tiene la abstracción en un plano más alto desde el punto de vista técnico-profesional y de significación estética coherente en el contexto sociocultural costarricense.


Fuente: Catálogo de la exposición de Felo García: Arquitectura sin arquitectos. Texto de Roberto Cabrera (1994).


Roberto Cabrera, (Guatemala 1939 - 2014).  Artista plástico y crítico de arte. A lo largo de 20 años residió en Costa Rica, colaboró en medios costarricenses.


 

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